Durante el embarazo todo el mundo te pregunta cómo estás. Después del parto, casi todas las preguntas pasan a ser sobre el bebé. Y mientras tanto, tu cuerpo sigue recuperándose de uno de los mayores esfuerzos que va a hacer en su vida. El suelo pélvico es una de las partes que más lo nota, y también una de las que menos atención recibe.

Me llamo Marta y soy la fisioterapeuta especializada en suelo pélvico de Movera. Cada semana veo a madres que llevan meses, o años, aguantando cosas que tienen solución porque alguien les dijo que «eso es normal después de dar a luz». Frecuente, sí. Normal, no. Vamos a verlo con calma.

Qué es el suelo pélvico

Es un conjunto de músculos y tejidos que cierran la pelvis por abajo, como una hamaca. Sujetan la vejiga, el útero y el recto, ayudan a controlar la orina y las heces, participan en las relaciones sexuales y trabajan en equipo con el abdomen y la respiración.

Durante el embarazo esa hamaca soporta cada vez más peso. En un parto vaginal se estira muchísimo para dejar pasar al bebé. Y en una cesárea, aunque no haya ese estiramiento, el embarazo ya ha dejado su huella y además hay una cicatriz abdominal que también merece atención.

Lo que es frecuente, pero no tienes por qué aguantar

  • Escapes de orina al toser, estornudar, reír, coger al bebé o saltar.
  • Sensación de peso o de «bulto» en la vagina, sobre todo al final del día o tras estar mucho de pie.
  • Urgencia: ganas repentinas de orinar que cuesta controlar.
  • Dolor en las relaciones sexuales o en la zona de la cicatriz de la episiotomía o del desgarro.
  • Dificultad para controlar los gases o, a veces, las heces.
  • Tripa que no termina de cerrar: una separación de los rectos abdominales (la diástasis) que se nota como un hueco o un abultamiento en la línea media al incorporarte.
  • Dolor lumbar o pélvico que se mantiene después de la cuarentena.

Si te reconoces en alguno de estos puntos, no es culpa tuya ni es algo con lo que tengas que vivir. Es una señal de que tu suelo pélvico necesita un poco de ayuda.

Cuándo hacer la revisión

En general, recomendamos una valoración del suelo pélvico a partir de las seis semanas después del parto, cuando tu matrona o tu ginecóloga te hayan dado el alta de la cuarentena. Si has tenido una cesárea, solemos esperar a que la cicatriz esté bien cerrada.

Y si ya ha pasado mucho tiempo, también estás a tiempo. Vemos a mujeres que vienen con su bebé en brazos y a otras cuyos hijos ya van al colegio. El suelo pélvico se puede entrenar a cualquier edad.

Cómo es la valoración

Sé que la primera vez da cierto respeto. Por eso te explico cómo trabajo. Empezamos hablando: cómo fue el embarazo y el parto, qué notas, qué te preocupa y qué te gustaría volver a hacer, ya sea correr, jugar al pádel o simplemente coger a tu hijo sin miedo a un escape.

Después valoro tu postura, tu respiración, tu abdomen y, si tú estás de acuerdo, el suelo pélvico mediante una exploración. Te explico cada paso antes de hacerlo y puedes parar en cualquier momento. Nada se hace sin tu permiso. La sesión de suelo pélvico dura 50 minutos y es en una cabina privada.

Con lo que vemos, preparamos un plan: ejercicios concretos para ti, trabajo manual si hay cicatrices o zonas con dolor, y pautas para el día a día.

Los ejercicios de Kegel, con matices

Seguro que te han hablado de los «Kegel», las contracciones del suelo pélvico. Son útiles, pero hay dos problemas frecuentes. El primero es que muchas mujeres los hacen mal sin saberlo: aprietan glúteos, contienen la respiración o empujan hacia abajo en lugar de hacia arriba. El segundo es que no todo suelo pélvico necesita más fuerza. Algunos están demasiado tensos y lo que necesitan es aprender a relajarse.

Por eso insistimos en la valoración antes de pautar ejercicios. Mientras tanto, esto es seguro para casi todas:

  1. Respiración tranquila. Tumbada boca arriba con las rodillas dobladas, coge aire por la nariz notando cómo se expanden las costillas y la tripa. Al soltar el aire por la boca, despacio, nota cómo todo vuelve a su sitio. 5 minutos al día.
  2. Cuidado al incorporarte. Para levantarte de la cama, gira primero de lado y empújate con los brazos. Así evitas presión sobre el abdomen y el suelo pélvico.
  3. Exhala al hacer esfuerzo. Al coger al bebé o la sillita, suelta el aire mientras subes. No aguantes la respiración.
  4. Paseos. Empieza con paseos cortos y ve alargándolos según te encuentres.

Volver al ejercicio: sin prisa, pero sin miedo

Uno de los mitos más dañinos es el de «a los tres meses ya puedes hacer de todo». Cada cuerpo y cada parto son distintos. Volver a correr o a saltar sin haber preparado el suelo pélvico es una de las causas más habituales de escapes. Pero lo contrario, no moverte por miedo, tampoco ayuda.

Lo ideal es una vuelta progresiva, con fuerza de base y una revisión que te diga en qué punto estás. Muchas de las madres que tratamos continúan después con el pilates terapéutico que dirige mi compañera Lucía, en grupos de seis personas como máximo, donde se trabaja abdomen y suelo pélvico con ejercicios adaptados.

Cuídate tú también

Ser madre no debería significar resignarse a tener escapes o dolor. Tu cuerpo ha hecho algo enorme y merece el mismo cuidado que le das a tu bebé. Puedes venir con él a la consulta sin ningún problema.

Si tienes dudas o quieres pedir tu revisión, escríbenos por WhatsApp o llámanos al 983 047 215. Elena, en recepción, te busca un hueco que te encaje. Y si te resulta más cómodo, deja tus datos en contacto y te llamamos en menos de 24 horas laborables.

Si te ha servido, puede interesarte:

Marta Gil, fisioterapeuta de Movera Fisioterapia
Marta Gil

Fisioterapeuta en Movera · Suelo pélvico. Embarazo, posparto, escapes de orina, dolor pélvico y menopausia. También atiende a hombres tras una cirugía de próstata.