Cada pocas semanas alguien me pregunta lo mismo en recepción: «Yo ya hago pilates en el gimnasio, ¿qué tiene de distinto el vuestro?». Es una pregunta muy buena. Y la respuesta no es que uno sea bueno y el otro malo. Es que buscan cosas diferentes.
Primero, qué tienen en común
El pilates, en cualquiera de sus versiones, trabaja el control del movimiento, la respiración, la fuerza del centro del cuerpo (abdomen, espalda, pelvis) y la movilidad. Hecho con cabeza, es un ejercicio estupendo para casi todo el mundo. Si vas a una clase de pilates en tu gimnasio, disfrutas y no te duele nada, sigue yendo. De verdad.
La diferencia aparece cuando hay algo más: un dolor de espalda que va y viene, una lesión reciente, una operación, un posparto, una hernia que te diagnosticaron hace años y te da miedo moverte. Ahí es donde el pilates terapéutico tiene sentido.
Las cinco diferencias que más se notan
1. Quién da la clase
En el pilates terapéutico, la clase la dirige una fisioterapeuta. En nuestro caso, yo. Eso significa que conozco las lesiones, sé qué ejercicios pueden irritar una zona y cuáles la ayudan, y sé reconocer cuándo algo no va bien. En el gimnasio, los monitores suelen tener formación en pilates, y muchos son muy buenos, pero su enfoque es el ejercicio, no la lesión.
2. El tamaño del grupo
En Movera los grupos son de seis personas como máximo. Con seis, puedo mirar a cada uno, corregir con las manos, cambiar un ejercicio sobre la marcha. En una sala con veinte personas eso es casi imposible, por muy atento que sea el monitor.
3. El punto de partida
Antes de entrar en un grupo, conozco tu historia: qué te pasa, qué te han dicho los médicos, qué te duele y qué te da miedo hacer. Si ya eres paciente de la clínica, lo hablo con tu fisio. Así cada ejercicio tiene un porqué.
4. Ejercicios adaptados a cada persona
En la misma clase puede haber una mujer en su posparto, un hombre con dolor lumbar crónico y una corredora que se está recuperando de una lesión de rodilla. Todos hacen la misma «familia» de ejercicios, pero cada uno con su versión: más fácil, más difícil, con otro apoyo, con menos recorrido.
5. El objetivo
En el gimnasio, el objetivo suele ser ponerse en forma, tonificar o sentirse bien. En el pilates terapéutico, el objetivo es que vuelvas a moverte con confianza y que tu cuerpo aguante mejor tu día a día. Ponerse en forma viene de regalo.
Cómo son nuestras clases
Trabajamos en colchoneta (suelo), con material pequeño: fitball (la pelota grande), aros, bandas elásticas, rulos de espuma, pelotas pequeñas. No usamos máquinas. ¿Por qué? Porque queremos que lo que aprendas te lo puedas llevar a casa y a tu vida diaria, y porque con el propio peso del cuerpo y un poco de material hay trabajo de sobra.
Una clase normal dura 55 minutos y suele tener esta estructura:
- Entrada y respiración. Unos minutos para bajar revoluciones y conectar con el cuerpo.
- Movilidad. Columna, caderas, hombros. Movimientos suaves para «engrasar».
- Bloque principal. Ejercicios de control y fuerza, adaptados a cada persona.
- Cierre. Estiramientos tranquilos y, a veces, un ejercicio para hacer en casa.
¿Para quién es el pilates terapéutico?
- Personas con dolor de espalda o cuello que se repite.
- Quien acaba de terminar un tratamiento de fisioterapia y quiere mantener lo ganado.
- Mujeres en el posparto, una vez valoradas, o con molestias de suelo pélvico.
- Personas que vuelven a hacer ejercicio después de mucho tiempo y no saben por dónde empezar.
- Gente mayor que quiere ganar equilibrio y seguridad.
- Deportistas que buscan un complemento para prevenir recaídas.
Tres mitos sobre el pilates
«El pilates es solo estirar»
Nada de eso. Una buena clase de pilates trabaja la fuerza, y mucho. Hay quien sale de su primera clase sorprendido de lo que le tiemblan las piernas.
«Si tengo una hernia, no puedo hacer pilates»
Depende de tu caso, pero en muchas ocasiones el ejercicio adaptado es justamente una de las mejores herramientas. Por eso es tan importante que alguien conozca tu historia antes de elegir los ejercicios.
«Hay que meter el ombligo todo el rato»
Es una indicación muy repetida. Mantener el abdomen apretado durante toda la clase no es necesario ni recomendable. Buscamos un abdomen que se active cuando toca y que también sepa relajarse.
Un ejercicio para probar en casa
Túmbate boca arriba con las rodillas dobladas y los pies apoyados en el suelo, a la anchura de las caderas. Coge aire por la nariz notando cómo se abren las costillas hacia los lados. Al soltar el aire, despega la pelvis del suelo poco a poco, como si fueras levantando la columna vértebra a vértebra, hasta formar un puente. Coge aire arriba. Al soltarlo, baja despacio en el orden contrario. Haz entre 6 y 8 repeticiones sin prisa. Si notas dolor, reduce la altura del puente.
Horarios y precios
Puedes venir a una clase suelta por 16 € o apuntarte a la modalidad mensual, con dos clases a la semana, por 95 €. Tienes toda la información en la página de pilates terapéutico y en tarifas.
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